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Caminando en Perspectiva Eterna

Feb 8, 2026    Pastora Ingrid Paz

En este mensaje, estudiamos el capítulo 4 de Proverbios.


¿Cuál es la realidad que estás viendo? Si alguien te preguntara esto, ¿cuál sería tu respuesta?


Hay personas que están enfocadas en que su exterior parezca inteligente y sabio, pero sus corazones pueden estar lejos del Señor.


En el capítulo 3, aprendimos cómo caminar en confianza. En el capitulo 4, aprendimos cómo activar nuestros sentidos espirituales para poder cambiar nuestra percepción y nuestra perspectiva de lo eterno.


El capítulo habla de no dejar la instrucción, sino de amarla, porque ella nos cuidará. Para eso, es responsabilidad propia accionar y caminar en una perspectiva eterna. Es importante cuidar nuestro corazón, porque de él mana la vida (Proverbios 4:23).


En el Antiguo Testamento, el corazón era representado por el altar de sacrificio, donde se ofrecían todos los sacrificios de animales. El altar era el lugar donde las personas le dedicaban a Dios todo lo que era costoso y valioso. Era un lugar de sacrificio porque ahí se entregaba lo que era más preciado, tanto para el hombre como para Dios. Aunque fue un altar temporal, nos deja muchas enseñanzas. Nos enseña que era un lugar de separación entre lo bueno y lo malo, la muerte de nuestro Señor Jesucristo, pero también la redención. Allí, Él pagó el precio para que nosotros viviéramos en redención.


En el pacto que tenemos ahora con nuestro Señor Jesús, ese altar es nuestro corazón. Es el lugar donde deben existir sacrificios: donde le entregamos al Señor nuestros deseos, emociones, pensamientos y decisiones. Esto requiere examinar y renovar nuestro corazón diariamente, asegurando que, cuando recibamos la palabra de Dios o algo positivo, no se mezcle con lo malo que podamos portar en el.


De nuestro corazón fluye todo: nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestra voluntad. Si no lo cuidamos, ¿quién lo cuidará? Podemos pensar que otras personas, pero depende de nosotros cuidarlo. Si alguien lo hiere, es nuestra responsabilidad sanarlo por medio de la intimidad que tenemos con el Señor, y levantarnos de nuevo.


En un pueblo sacerdotal, cada uno es responsable de su altar, que es su corazón. Además, es importante mantenerlo limpio, separando lo bueno de lo malo, para que cuando una palabra de Dios o Su Presencia quiera entrar, podamos recibirla de la manera que Él desea.


Aparte de rendirnos al Señor con nuestro corazón, necesitamos activar los cinco sentidos espirituales en nuestra vida para saber distinguir a quién estamos dejando entrar: ¿A Dios o a otras personas?


¡Mira el mensaje para saber cuáles son los cinco sentidos espirituales que debemos activar!